El reloj casi marcaba la hora en punto a la que había citado a unos cuantos que se multiplicarían… antecede al evento cuatro días de preparación, de una idea que nació inspirada por el aburrimiento de un día por la noche, mientras trataba de escapar a las cuestionantes que rondaban en su cabeza.
Años atrás esa fecha era importante, sin embargo, el abismo de 1095 días llevó a NAM al punto de partida, el 13 de enero recuperó su importancia y recordó la sentencia, aquella que había dictado su abuelo y con la que ahora está, en parte, en desacuerdo, porque ya deseaba recibir, ejercer un poco el egoísmo en su propia vida.
Pensó cada detalle, y la suerte la acompañó. Era como si los ángeles estuvieran todos de acuerdo con el dictamen que la Reina les había otorgado… y la sinfonía del cielo no paró de tocar durante esa semana, mientras una sucesión de hechos favorables propiciaron lo que se convertiría en la mejor de sus fiestas.
Todos estuvieron y algunos más, otros menos. Su sonrisa no se borró jamás ante el entusiasmo que todos evidenciaban con el motivo de la fiesta “Cabaret 1927”. Compras, planificación de cada detalle, desglose de entregables y responsables, llamadas de contacto y confirmaciones, llenaron cada minuto de la agenda, en pro a lo que fuera su gran día.
13 de enero 2008, 17.00: comienzan a llegar los invitados, aún con un “tubi” en la cabeza (cabellos enrollados sujetos con pinzas de metal), NAM se encuentra afinando los últimos pormenores. El sonido no llega, acude a la reserva de bebidas para iniciar el brindis. Y siguen llegando sus seres allegados, ya decide cambiarse.
Poco después de las 18:00 horas, NAM hizo su salida formal, radiante como pocas veces antes, tal como lo hacían las grandes actrices de los años 1920 al encarnar personajes de los glamorosos antros nocturnos de aquella época: un diminuto vestido negro que dejaba al descubierto sus hermosas piernas, embellecidas con el nylon de unas medias que oscurecían su piel carente de color, su boca tan roja como se supone son las llamas del infierno o más bien como son las frutas listas para ser degustadas, su cabello a medio entrever entre los cruces de los hilos tejidos de su gorro, un pitillo que simulaba el vicio que nublaba la conciencia de realidad de la época escenificada, y como siempre sus tacones, sin ellos, ella es impensable.
Su sonrisa nunca desapareció esa noche que NAM define como “espectacular”, sus invitados algo más que eso… solo un detalle hizo falta, pero nunca será tarde para completar esa noche…