En el 1984, año en que conocí a mis dos hermanos mellizos, tenía un perrito feo que no recuerdo el nombre. Era de color crema con manchas negras y sale en una foto que mi padre, con una Canon E-1 Program, tomó en el patio de una de las tantas casas que habitamos.
Para ese entonces mi madre no paraba de trabajar y cocinar, porque siempre recibíamos a los amigos de la familia que nos visitaban constantemente. Recuerdo que mi padre lucía un bigote grande por el cual creía que le llamaban “el gallo”, aunque esos animales no tienen bigote.
Nuestros amigos tenían muchas cosas en común: ideología, propósitos, gustos literarios y musicales, en cuanto a estos últimos, siempre preferían aquellos artistas que abordaran profundamente temas sociales, como los que hoy en día abordan los que no son artistas. (más…)