Cuenta la historia que justo el día en que se respiraban las supersticiones, poco antes de media noche NAM llegó a este
mundo. Ante tal acontecimiento, ese martes 13 de enero de 1981, su abuelo afirmó “ha venido, no sólo llena de dicha, sino a cubrir espacios en las almas que toque”…Sus tres primeros años todos la recuerdan alegre… ella sólo se acuerda del patio inclinado de una casa con la que aún sueña volando y en la que escuchaba a lo lejos las canciones de trova , un elefante de peluche marrón, un perrito horrible que reconoce en fotos, el columpio de su primer colegio, el frutero que la veía llorar mientras estaba encima de la panza de mellizos de siete meses de su madre.
El resto de s
u niñez se resume en felicidad, vivió en una burbuja creada por sus padres que compartía con sus dos hermanos, en una época tres… todo allí fue maravilloso, y obtener “A” en sus calificaciones era su mayor problema para gozar del privilegio de degustar una maravillosa pizza “Humita”, la número 45 del menú de Il´Capo, seguida de una tarde de helados en Manresa.
Como dicta la ley de la vida, creció y no tardó mucho en descubrir que el mundo no era perfecto. Sus primeras frustraciones fueron perseguir a sus artistas favoritos, coleccionar posters y revistas, leer los clásicos de la literatura universal, aprender canciones y en la medida de lo posible, estar a la moda. En ese momento nunca imaginó que todo podría ser más complicado. Fue entonces cuando decidió iniciar una carrera “Marketing” y poco tiempo después comenzar su primer trabajo como asistente de “Servicios de Salud” en la sede de Cáritas Internacional en la República Dominicana.
Al finalizar su carrera, ya había ocupado cuatro posiciones en la organización que la vio nacer como profesional, formando parte, en su etapa final, del equipo de proyectos de desarrollo social.
Tras realizar una tesis express, cambia de lugar de trabajo al mismo tiempo que obtiene su título universitario. Su entorno, de cooperación al desarrollo pasa al de la justicia en la Escuela Nacional de la Judicatura, donde descubre que su pasión profesional tenía nombre: Comunicación Organizacional, a lo que se dedicó desde entonces.
Antecede a su más reciente capítulo de vida, el haber vivido en una ciudad que ahora le apasiona y le llena de nostalgia: Santiago de los Caballeros, donde laboró en un “lugar donde todo el mundo se encuentra”, el Centro Cultural Eduardo León Jimenes, que le permitió descubrirse como dominicana y como mujer, además de entenderse como un ser de alta sensibilidad ante el arte y la cultura.
Actualmente, por romántica, sentimental y por razones de estudios, se encuentra de vuelta en la capital que la vio nacer “Santo Domingo”, labora en una empresa de la que formó parte desde que solo era una idea, 4cc Communication Consulting, y la motiva el conocimiento que cada día adquiere allí.
El amor no ha sido la prioridad de su vida y a eso debe la carencia de éxito en ese aspecto. Hoy, 17 de octubre ha confesado que apuesta a un amor lejos que se acerca, y que pinta ser quien ocupe ese lugar que ha reservado con celo para el mejor postor.
Ha sufrido como toda mujer, en sus días sensibles mira películas tristes para llorar, al igual que Mafalda no come sopa, todos la reconocen como espontánea y divertida, aunque ella no puede olvidar la sentencia de su abuelo. Posee como don la psicología, que a veces disfraza de diplomacia o “videncia”. Desde que cumplió un cuarto de siglo admite estar algo obsesionada con su peso por lo que ha apostado a un estilo de vida más saludable.