No, ese es el dedo prohibido porque la sociedad se lo ha impuesto como habitante atípica de la civilización en la que vive. Una y otra vez le ha dado la negativa a la posibilidad de llevar algún símbolo que, como marca, pueda anunciar al mundo una situación a compartir solo con aquellos que así lo decida.
Ni siquiera existe la seguridad, y los días se acercan, hasta el deseo se nubla. El seguir la corriente es de seres humanos, porque la emoción que se expande en todo su cuerpo es la más fiel imitación a la expresada en la tele velada de mayor raiting. Y le confunde lo que siente, pareciera una alegría nostálgica, un sentimiento que no logra aclarar. ¿Será que si es de este mundo o no ha logrado escapar de el?

Más que expectativa la sensación era de preocupación, yo que a lo lejos presencié esa historia no paraba de reír el día de aquel encuentro. NAM que del todo cuerda no es, no planeó nada más que una reservación en un hotel, según el presupuesto asignado, una arriesgada invitación a cenar en casa de sus padres y la sentencia a toda amistad existente de auxiliarla en caso de emergencia, como consideraba la descabellada visita que aceptó recibir.